La comunidad internacional debe tomar medidas sobre las armas quÃmicas: artÃculo de Boris Johnson
En una tribuna publicada en diversos medios alrededor del mundo, el ministro de Asuntos Exteriores hace un llamamiento a la comunidad internacional para reforzar y proteger la prohibición mundial al uso de armas quÃmicas.

Al igual que ocurre con la arquitectura y el arte, el valor de algunos acuerdos internacionales depende de quien los observe. Pero nadie osarÃa cuestionar seriamente el valor de la prohibición global que pesa sobre las armas quÃmicas.
Ciento noventa y dos paÃses han dejado a un lado sus diferencias y han decidido formar parte de la Convención sobre las Armas QuÃmicas (CAQ), que prohÃbe la fabricación, el uso y el almacenamiento de esos horribles instrumentos de muerte.
Quizá nos resulte imposible abolir la guerra, pero al menos podemos ponernos de acuerdo para salvar a la humanidad de los atroces efectos de estas municiones.
Este consenso universal sobre la abominación moral que suponen las armas quÃmicas refleja la trágica experiencia de muchos paÃses. Las armas quÃmicas fueron utilizadas en Francia y Bélgica durante la Primera Guerra Mundial; infligieron un sufrimiento atroz en Marruecos en la década de 1920, en EtiopÃa en los años 30, en China en los años 40 y en Irán e Irak en los años 80.
Esta lista—que ni mucho menos está completaâ€� debÃa de haber llegado a su fin, de una vez por todas, con la entrada en vigor de la CAQ en 1997. Sin embargo, desde entonces, las armas quÃmicas se han vuelto a utilizar en Siria e Irak. En 2017, se empleó un agente nervioso para llevar a cabo un asesinato en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur en Malasia. En marzo de este año, se utilizó otra categorÃa de agente nervioso en la ciudad catedralicia británica de Salisbury.
SerÃa inútil fingir que esas atrocidades no afectan en absoluto a la integridad de la CAQ. Todas ellas representan incumplimientos de la prohibición global relativa a las armas quÃmicas que todos los paÃses desean conservar.
De ahà la necesidad de celebrar una sesión especial de la Conferencia de Estados miembro de la CAQ, que va a tener lugar en La Haya el 26 y el 27 de junio. El objetivo consiste en reforzar la prohibición internacional y fortalecer a la Organización para la Prohibición de las Armas QuÃmicas (OPAQ), que actúa como brazo ejecutor de la Convención.
La OPAQ no tiene un mandato para decir quién llevó a cabo ataques con armas quÃmicas en Siria. Sus expertos pueden informar de lo que ocurrió dónde y cuándo, pero no identifican al autor.
La comunidad internacional perdió esa capacidad el pasado mes de noviembre cuando el Consejo de Seguridad no renovó el mandato de un Mecanismo Conjunto de Investigación integrado por la OPAQ y la ONU. Anteriormente, ese órgano habÃa atribuido cuatro ataques con armas quÃmicas al régimen de Asad en Siria y dos al Dáesh.
Desde entonces, la OPAQ ha descubierto que se utilizaron armas quÃmicas en Siria, en las localidades de Ltamenah (marzo de 2017) y Saraqib (febrero de 2018). Pero la pregunta crucial de quién fue el responsable continúa sin respuesta.
¿Cómo vamos a mantener lo que todos creÃamos que era un tabú universal sobre el uso de las armas quÃmicas si la OPAQ no identifica a los infractores? La situación actual mantiene la ficción de que las armas quÃmicas caen del cielo por iniciativa propia, sin que medie agente o autor alguno.
Si permitimos que esta anomalÃa continúe, cualquier Estado o terrorista podrÃa utilizar armas quÃmicas, con la seguridad de saber que la OPAQ no los identificará. El peligro es que nombrar a las personas responsables se convierta en un tabú.
La mejor respuesta serÃa aprovechar plenamente las disposiciones ya estipuladas en la CAQ, que permiten que la OPAQ pueda establecer no solo si se han utilizado armas quÃmicas, sino también quién lo ha hecho.
Espero que la sesión especial en La Haya otorgue a la OPAQ un mandato para desarrollar nuevas propuestas sobre cómo identificar cualquier incumplimiento de la Convención.
No se trata de elegir bandos en una confrontación mundial, sino simplemente de decidir si vamos a mantener la prohibición de una categorÃa terrible de arma o permitir que esa prohibición quede relegada a la irrelevancia, suponiendo asà un riesgo grave y creciente para todos los paÃses.
Si permitimos que se normalice el uso de las armas quÃmicas, estas no quedarán limitadas a campos de batalla lejanos. Lo que ocurrió en Salisbury o en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur podrÃa haber ocurrido en cualquier lugar.
Todos compartimos el interés de conservar y hacer cumplir una prohibición de la que depende nuestra seguridad. Y no podemos hacer eso a menos que la OPAQ pueda nombrar a un infractor.